Isaías 41:10-13

Así que no temas, porque yo estoy contigo;
no te angusties, porque yo soy tu Dios.
Te fortaleceré y te ayudaré;
te sostendré con mi diestra victoriosa.

»Todos los que se enardecen contra ti
sin duda serán avergonzados y humillados;
los que se te oponen serán como nada,
como si no existieran.
Aunque busques a tus enemigos,
no los encontrarás.
Los que te hacen la guerra serán como nada,
como si no existieran.
Porque yo soy el Señor, tu Dios,
que sostiene tu mano derecha;
yo soy quien te dice:
“No temas, yo te ayudaré.”

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Salmo 16

Aimee Stewart – Journey’s End

Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.

Yo le he dicho al Señor: «Mi Señor eres tú.
Fuera de ti, no poseo bien alguno.»
Poderosos son los sacerdotes paganos del país,
según todos sus seguidores.
Pero aumentarán los dolores
de los que corren tras ellos.
¡Jamás derramaré sus sangrientas libaciones,
ni con mis labios pronunciaré sus nombres!

Tú, Señor, eres mi porción y mi copa;
eres tú quien ha afirmado mi suerte.
Bellos lugares me han tocado en suerte;
¡preciosa herencia me ha correspondido!

Bendeciré al Señor, que me aconseja;
aun de noche me reprende mi conciencia.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.

Por eso mi corazón se alegra,
y se regocijan mis entrañas;
todo mi ser se llena de confianza.
No dejarás que mi vida termine en el sepulcro;
no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel.
Me has dado a conocer la senda de la vida;
me llenarás de alegría en tu presencia,
y de dicha eterna a tu derecha.

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Isaías 46:4-10

Frans Francken II  – Solomon’s idolatry, 1622.

Aun en la vejez, cuando ya peinen canas,
yo seré el mismo, yo los sostendré.
Yo los hice, y cuidaré de ustedes;
los sostendré y los libraré.

»¿Con quién vas a compararme,
o a quién me vas a igualar?
¿A quién vas a asemejarme,
para que seamos parecidos?
Algunos derrochan oro de sus bolsas
y pesan plata en la balanza;
contratan a un joyero para que les haga un dios,
y ante ese dios se inclinan para adorarlo.
7 Lo levantan en hombros y lo cargan;
lo ponen en su lugar, y allí se queda.
No se puede mover de su sitio.
Por más que clamen a él, no habrá de responderles,
ni podrá salvarlos de sus aflicciones.

»Recuerden esto, rebeldes;
piénsenlo bien, ¡fíjenlo en su mente!
Recuerden las cosas pasadas, aquellas de antaño;
yo soy Dios, y no hay ningún otro,
yo soy Dios, y no hay nadie igual a mí.
Yo anuncio el fin desde el principio;
desde los tiempos antiguos, lo que está por venir.
Yo digo: Mi propósito se cumplirá,
y haré todo lo que deseo.

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Proverbios 1:20-33

Advertencia contra el rechazo a la sabiduría

Clama la sabiduría en las calles;
en los lugares públicos levanta su voz.
Clama en las esquinas de calles transitadas;
a la entrada de la ciudad razona:

«¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos,
seguirán aferrados a su inexperiencia?
¿Hasta cuándo, ustedes los insolentes,
se complacerán en su insolencia?
¿Hasta cuándo, ustedes los necios,
aborrecerán el conocimiento?
Respondan a mis reprensiones,
y yo les abriré mi corazón;
les daré a conocer mis pensamientos.
Como ustedes no me atendieron cuando los llamé,
ni me hicieron caso cuando les tendí la mano,
sino que rechazaron todos mis consejos
y no acataron mis reprensiones,
ahora yo me burlaré de ustedes
cuando caigan en desgracia.
Yo seré el que se ría de ustedes
cuando les sobrevenga el miedo,
cuando el miedo les sobrevenga como una tormenta
y la desgracia los arrastre como un torbellino.

»Entonces me llamarán, pero no les responderé;
me buscarán, pero no me encontrarán.
Por cuanto aborrecieron el conocimiento
y no quisieron temer al Señor;
por cuanto no siguieron mis consejos,
sino que rechazaron mis reprensiones,
cosecharán el fruto de su conducta,
se hartarán con sus propias intrigas;
¡su descarrío e inexperiencia los destruirán,
su complacencia y necedad los aniquilarán!

Pero el que me obedezca vivirá tranquilo,
sosegado y sin temor del mal.»

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Proverbios 1:1-7

Proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel:

para adquirir sabiduría y disciplina;
para discernir palabras de inteligencia;
para recibir la corrección que dan la prudencia,
la rectitud, la justicia y la equidad;
para infundir sagacidad en los inexpertos,
conocimiento y discreción en los jóvenes.
Escuche esto el sabio, y aumente su saber;
reciba dirección el entendido,
para discernir el proverbio y la parábola,
los dichos de los sabios y sus enigmas.

El temor del Señor es el principio del conocimiento;
los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.

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1 Samuel 3:1-10

Copley John Singleton – Samuel Reading to Eli the Judgments of God Upon Eli’s House

El Señor llama a Samuel

Samuel, que todavía era joven, servía al Señor bajo el cuidado de Elí. En esos tiempos no era común oír palabra del Señor, ni eran frecuentes las visiones.
Elí ya se estaba quedando ciego. Un día, mientras él descansaba en su habitación, 3 Samuel dormía en el santuario, donde se encontraba el arca de Dios. La lámpara de Dios todavía estaba encendida. El Señor llamó a Samuel, y éste respondió:
—Aquí estoy.
Y en seguida fue corriendo adonde estaba Elí, y le dijo:
—Aquí estoy; ¿para qué me llamó usted?
—Yo no te he llamado —respondió Elí—. Vuelve a acostarte.
Y Samuel volvió a su cama.
Pero una vez más el Señor lo llamó:
—¡Samuel!
Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo:
Aquí estoy; ¿para qué me llamó usted?
—Hijo mío —respondió Elí—, yo no te he llamado. Vuelve a acostarte.
Samuel todavía no conocía al Señor, ni su palabra se le había revelado.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel. Él se levantó y fue adonde estaba Elí.
Aquí estoy —le dijo—; ¿para qué me llamó usted?
Entonces Elí se dio cuenta de que el Señor estaba llamando al muchacho.
—Ve y acuéstate —le dijo Elí—. Si alguien vuelve a llamarte, dile: “Habla, Señor, que tu siervo escucha.”
Así que Samuel se fue y se acostó en su cama. 10 Entonces el Señor se le acercó y lo llamó de nuevo:
—¡Samuel! ¡Samuel!
—Habla, que tu siervo escucha —respondió Samuel.

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Lucas 6:43-45

Paul Gauguin – Végétation Tropicale

El árbol y su fruto

Ningún árbol bueno da fruto malo;
tampoco da buen fruto el árbol malo.
A cada árbol se le reconoce por su propio fruto.
No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.
El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien;
pero el que es malo, de su maldad produce el mal,
porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.

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