Así dice aquel cuyo nombre es el Señor,
el que hizo la tierra,
y la formó y la estableció con firmeza:
“Clama a mí y te responderé,
y te daré a conocer cosas grandes y ocultas
que tú no sabes.”
Bendito el hombre que confía en el Señor,
y pone su confianza en él.
Será como un árbol plantado junto al agua,
que extiende sus raíces hacia la corriente;
no teme que llegue el calor,
y sus hojas están siempre verdes.
En época de sequía no se angustia,
y nunca deja de dar fruto.
Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes
—afirma el Señor—,
planes de bienestar y no de calamidad,
a fin de darles un futuro y una esperanza.
Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme,
y yo los escucharé.
Me buscarán y me encontrarán,
cuando me busquen de todo corazón.